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Memorias - Juan Klimaitis

Poblador de los sueños

14:05hs
viernes 25 de noviembre, 2016
Juan Klimaitis
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Atrapados en animosa charla con Darío Yzurieta, acaso discurrimos el por qué no puede ser posible que aquella especie, de apostura selvática, no sea lo que hayamos visto apenas momentos atrás, ¿porqué no…?
Humilde, de la cabeza a los pies, casi natural en su vestir, con ese color opaco que usábamos para no despertar sospechas a las aves, Darío se confundía con los seres y cosas que amaba: la naturaleza, la vida silvestre y sus amigos. Acaso era para no concitar la atención de la gente hacia su inteligencia y llamaradas de sabiduría; tal vez para compartir con ciertos elegidos su luz interior, falto de la mediocridad del medio social que no comprende el concepto nuevo y distinto de otros territorios más ricos por habitar.
Armado con sus prismáticos y la veterana filmadora de Tito, me parecía ver en él a un buscador de quimeras no indicadas en los textos. O tan solo a un hombre que cuidaba su niñez como tesoro demasiado precioso para volverla adulta y así no perder la ilusión de ser feliz con cosas simples. Darío pecó de modestia para no hacerse ver, queriendo ser uno más de sus queridos pájaros de la floresta misteriosa, los mismos que luego aletearon en las pinturas de su recreación póstuma, esas guías de campo que hoy iluminan de imágenes a varias generaciones de ornitófilos.
Gran compañero de Tito Narosky, con el que compartió sus mejores horas, supo dialogar conmigo en ese lenguaje tan propio, cargado de puras expresiones idiomáticas y juegos de palabras, que enriquecía con la picardía y el tono risueño de los gestos coloquiales. Así, aquel ¡Juancillo…! con que se dirigía a mí, ha quedado en la memoria de las voces que resguardo, como una melodía de gratitud a la amistad.
Lo recuerdo ahora, como alguien que acompaña mis pasos, sin apuro y a la par, desandando alguna huella practicada en el pasto, luego de haber ido a descubrir un pájaro desconocido. Un sol cansino, hollando el horizonte, nos pinta de agradables rojos mientras avanzamos a su encuentro. El día parece llegar a su fin, buscando respuestas en la noche reveladora.


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