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Cine - Mariana Fojo

La Cordillera no convence

9:06hs
lunes 14 de agosto, 2017
Mariana Fojo

La Cordillera es la nueva apuesta de Santiago Mitre como director, en un filme protagonizado por Ricardo Darín, que apunta alto, con una coproducción internacional, pero que no logra el efecto deseado.

La película se anota un punto a favor al recrear los entretelones de la política. Sin embargo la historia no llega a atrapar al espectador. Su multinacional elenco -se dan cita actores de diversos países- es efectivo, pero insuficiente para suplir los baches del guión.

La historia cuenta la trastienda del núcleo duro de un ficcional presidente argentino, Hernán Blanco (Ricardo Darín), que poco antes de partir a una cumbre de presidentes latinoamericanos, se enfrenta a un posible e inminente escándalo de corrupción por el desvío de una cuantiosa suma.

El que amenaza con dar a conocer los detalles del caso es su ex-yerno. Marina (Dolores Fonzi) , su hija, es inestable mentalmente, por lo cual a poco de llegar a la cumbre, que se realiza en Chile, la manda a llamar.

La cumbre tiene como estrella al presidente de Brasil (Leonardo Franco), mientras la prensa opina que Blanco es un “hombre invisible” en términos de la historia política regional. Así es que por un lado el presidente argentino se verá acuciado por la situación de su hija, mientras que intentará tomar un papel de mayor relieve en la región.

En medio de negociaciones con otros presidentes y discusiones en el seno de su entorno, Marina sufre un ataque de nervios por lo cual su padre deberá dividirse entre la política y la atención de su hija.

Parte de las negociaciones intrabloque quedarán en manos de su amigo y jefe de Gabinete, Castex (Gerardo Romano). Mientras tanto, Luisa (Erica Rivas) la servicial e incondicional asistente estará pendiente minuto a minuto de las necesidades de Blanco y de su hija.

En términos generales la historia es buena, pero pierde fuerza cuando en un intento por fusionar la vida pública y la privada del personaje central, en lugar de aunarse la historia se disgrega, perdiendo fuerza.

Su director, Santiago Mitre, en ocasión de la conferencia de prensa aseguró que “la película en su desarrollo va cambiando de género, para pasar del realismo a algo más inquietante”. El efecto es de dispersión. En lugar de llevar al espectador a ese ámbito de la incertidumbre, en una especie de thriller psicológico, en cierto sentido se torna aburrida.

La estética del filme es impecable; los paisajes y los ambientes están en perfecta consonancia con la historia. Sin embargo, aquí también se pierde el efecto deseado: quizás demasiado enamorado del paisaje, el director optó por demorarse en los ambientes y resulta innecesario mantener varios segundos la imagen detenida en las desiertas montañas nevadas, o en las despojadas rutas, así como en interminables secuencias de pasillos laberínticos por donde los personajes se deslizan. Esta exacerbación de escenarios (ya sea exteriores o interiores) provoca monotonía, en lugar de expectación.

Algunas escenas de valor simbólico, como la inicial, en la que un trabajador entra con algún traspié a la Casa Rosada, que puede interpretarse como el ingreso a la política, resultan inútiles a la trama y en definitiva estorban al relato.

La historia trabaja sobre la duda, toda la película provoca dudas, con personajes, Blanco y su hija, que apenas se dejan entrever y que resultan escurridizos,  pero en vez de ganar peso se vuelven volátiles.

Por otra parte, y pese a las excelentes actuaciones, todos los otros personajes están estereotipados, salvo quizás el de la presidenta chilena (Paulina García). La historia de corrupción a nivel internacional mezclada con lo personal pierde sustento, en un guión que no ofrece sorpresas.

Sorpresitas

En una escena la comitiva argentina escucha la radio, y el periodista que en su editorial matutino está apuntando al Presidente es la voz inconfundible de Marcelo Longobardi.

La voz de los protagonistas

Para su director la película es “un retrato de la política a micro y macro escala”, aunque dejó en claro, al igual que el productor y los actores, que el filme no refleja ninguna coyuntura de la política local o regional y que los personajes son  meramente creaciones ficcionales. Además agregó que se trata de una mirada crítica, en tanto que para Darín, la mirada de la película sobre la política es más reflexiva que crítica.

 

 


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