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Ruzhka Miteva Nicolova - Referente de la inmigración búlgara

La búlgara del año

13:43hs
Viernes 29 de Julio, 2016

Fue elegida entre 22 mujeres nominadas de todo el mundo, por sus múltiples iniciativas para fortalecer y difundir la cultura búlgara más allá de las fronteras de su país de origen. Radicada desde 1984 en Argentina, fundó instituciones y periódicos, sin dejar nunca de dar clases de idioma, dada su formación en Filología en la Universidad de Sofía y sus estudios de español en la de La Habana. El premio Zlata Meglenska fue esta vez para Ruzhka Miteva Nicolova, actual presidente de la Sociedad Búlgara Ivan Vazov.

Ruzhka Miteva Nicolova

Con el objetivo de reconocer el aporte a la conservación y el desarrollo de la identidad nacional y cultural en las comunidades búlgaras en el extranjero, desde hace 7 años la Agencia Estatal para los Búlgaros en el Exterior otorga un premio que lleva el nombre de Zlata Meglenska, mujer reconocida como Santa y protectora de ‘la dignidad y el espíritu nacional’ luego de morir asesinada en tiempos de dominio Otomano por no querer renunciar a su fe.

Cada año, las instituciones búlgaras de todo el mundo postulan a sus representantes. En esta edición, la lista reunió el nombre de 22 mujeres. Por Argentina se escribió el de Ruzhka Miteva Nicolova, a propuesta de la Fundación Argentino Búlgara de Capital Federal; institución de la que la nominada es fundadora y a la que presidió durante una década, para por estos días desempeñarse en el área de Relaciones Públicas y Prensa.

Si la nominación significaba mucho, la distinción era inimaginable para la mujer que llegó a la Argentina en la primera mitad de la década del 80. Por primera vez la decisión del jurado, integrado por representantes del mundo de la cultura búlgara, fue unánime.

En el mes de marzo la notificaron y la invitaron para recibir su estatuilla. Sin embargo, para Ruzhka, viajar a su tierra para ser reconocida y dar a conocer el trabajo que realiza en Berisso, el Chaco, Comodoro Rivadavia y Capital Federal (sitios en los que hay comunidades de su origen) no era fácil. El premio no incluía el pasaje y cubrir los costos, dadas las actuales circunstancias, no era una simple tarea.

Ruzhka finalmente pudo tomar en mayo su vuelo hacía el país ubicado a orillas del Mar Negro. El acto de entrega de la distinción tuvo lugar en el Palacio de Cultura. Por cuestiones de agenda -el país transitaba por un mes especial para festejos culturales nacionales-, Ruzhka no recibió su premio de manos de la vicepresidenta. Fue el diputado Rumen Yonchev, presidente de la Unión Popular y de la Comisión de las Políticas para los Búlgaros en el Extranjero, quien encabezó junto a otras autoridades la entrega de la distinción. Presente en el acto estuvo también en su primer acto público el flamante embajador argentino Alberto Trueba.

Además del acto protocolar, la representante de la cultura búlgara participó de varias audiciones televisivas, donde se encargó de contar su trabajo en el territorio y describir y mostrar imágenes de la actividad del ballet de danzas “Sedianka”, que funciona en el ámbito de la Sociedad búlgara local.

Fue casualmente en uno de esos programas en los que conoció las razones que siguieron los miembros del jurado a la hora de votar. La vieron, entiende, como una síntesis de lo que otras participantes habían conseguido desarrollar por separado. “Una nominada había creado un periódico y yo acá cree dos. Otra daba clases de idioma y yo hace 30 años que dicto cursos. Otras presidían o habían creado alguna institución, algo que también hago e hice acá”, consigna la mujer premiada.

Los espacios institucionales y mediáticos sirvieron para que la presidente de la Sociedad Ivan Vazov pudiera agradecer a todos aquellos que durante estos 30 años la acompañaron en su construcción y divulgación de la cultura búlgara, así como para destacar la actividad de Berisso y Las Breñas, ciudades que -como capitales del inmigrante de sus respectivas provincias- promueven y acompañan esta tarea.

A lo largo de su trayectoria. Ruzhka recibió varios diplomas, a los que suma ahora una estatuilla de cuatro kilos que trajo en su equipaje. Sin embargo, expresa en su sencillez que los premios ‘mucho no le interesan’… “No me siento en primera fila. Al contrario, me gusta estar atrás trabajando”, sentencia.

Luz detrás de la ventana

Todavía conserva el acento de su lengua madre. Ruzhka nació en Sofía, capital de Bulgaria. Hija de padre diplomático, estudió Filología (Letras) en la Universidad de Sofía y español en la de La Habana, Cuba. Durante diez años trabajó como periodista en la Radio Nacional Búlgara donde conoció a su actual marido, Juan, quien se desempeñaba en Radio Universidad. Él ‘llegó por poco tiempo y se llevó a la profesora’ cuenta, aclarando que no fueron razones políticas las que definieron su partida de Bulgaria. Fue amor.

Con Juan se casaron en 1983 y un año después ya habitaban suelo argentino. Los padres de ella en algún momento intentaron radicarse en este confín del mundo, pero no llegaron a adaptarse y después de un año regresaron a la tierra de Ivan Vazov, donde actualmente descansan sus restos.

Apenas llevaba un año en Argentina cuando, a través de la Embajada, la visitó una colega de la radio. Al llegar, la mujer notó que la casa era de chapa y madera, contrastando el hábitat con el departamento propio que Ruzhka tenía en Bulgaria. Fue así que no dudó en preguntar ‘¿Cómo podés vivir así siendo hija de diplomático y universitaria?’. “Allá vuelvo a la noche después de la radio y las ventanas siempre están oscuras. Acá vuelvo y me esperan”, replica hoy como entonces, para referirse a ‘lo que importa’.

La joven búlgara de apenas 23 años le pidió a su madre que al enviarle su ropa, no incluya los vestidos largos de terciopelo, parte de un pasado que nada tenía que ver con la calle de tierra, la casa de chapa y el marido que la esperaba en su nuevo presente.

Tras la Perestroika y la caída del Muro de Berlín llegaron los planes para volver a Bulgaria. Pero ya era tarde. Los planes se esfumaron y Ruzhka volvió sólo para poder limpiar el nombre de la familia. A través de la justicia consiguió su derecho a réplica en un canal de televisión y pudo rebatir falsas acusaciones de alguien a quien califica como un ‘sinvergüenza’. Volvió a viajar en otras oportunidades, pero ya no queda familia que visitar. Por eso elige volcar su pasado de familia diplomática, de mujer universitaria y profesional en la tierra que la libró de ventanas oscuras.

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