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Sofía Ivanoff de Mañé, la virtud de la humildad

10:49hs
domingo 10 de junio, 2018

Por Juan Francisco Klimaitis

El barrio vio renacer la soledad de una partida. Una casa, la de siempre en aquella calle de tránsito constante, se cubrió de silencio. Pitty, de repente, marchó en busca de otros rumbos, de esos de donde no se retorna porque todos ignoramos los motivos de ser y permanecer en la vida. Fue solo un instante en su decisión última y el hogar calló su rutina de enseres domésticos para sumirse en calma mudez. En la trama que precede a la artesanía de las telarañas y el antiguo oficio de la inercia estática.

Sofía Ivanoff de Mañé nació en un Berisso donde se elaboraba ese típico pan crocante, aún ardiente en su descanso aromático dentro del canasto de mimbre, que solía venderse por centavos a un pueblo obrero, simple y honesto. Ella, niña de cuna inmigrante, contempló el diario quehacer del horno gestando la trama milagrosa de la harina al convertirse en hogaza, al tiempo que aprendía sus primeras letras en la escuela primaria. Luego, al madurar sus años, el frigorífico Armour le propuso por más de una década, laborar entre sus vastas paredes. Y así, fue una más de los tantos uniformes de tiza que surcaron las veredas de muchos suburbios, para acceder al silbato de esa fábrica de sueños y desvelos.

Contrajo matrimonio, compraron vivienda con su esposo y tras muchas penurias, le dieron calor de madera reciente, para cobijar al primer hijo. Luego, el tiempo se adhirió a su trama existencial y en 1957, tras asumir Raúl Filgueira como primer comisionado de la flamante autónoma Berisso, ingresa en la Secretaría de la Intendencia, puesto de secretaria que luego asume y que desempeña hasta su jubilación en 1993.

Por treinta y seis intensos almanaques, supo ser la mujer que trajinó, expedientes en mano, notas de reclamo provinciales y disparidad de documentos oficiales, incontables veces los pasillos y escaleras del Palacio Municipal, apurando sus pasos para lograr su cometido: cumplir lo solicitado y hacer que esas horas de trabajo rindiesen sus frutos. Tal cual corresponde a quien se precie de eficiente administrativo, en este su particular caso. Así, ella comulgó con la practicidad del esfuerzo que le produjo satisfacción y aprecio de sus colegas y funcionarios de turno. Una sonrisa a flor de labios, ilustrada en la persona que lo lleva con sinceridad, mirada de profunda sencillez y comprensiva belleza, y un hablar de agua mansa que atempera cualquier ánimo dispar, confirieron a su personalidad un hálito de claridad sin mengua para quien alternara su presencia.

Convivió con la heterogeneidad de los colores políticos de turno y granjeó con ellos un estilo muy propio en su franqueza de amable respeto, buen humor y  exquisito sentido de la discreción. De tal modo, vio el pasaje de variadas autoridades y los distintos eventos que se sucedieron en el cargo como intendentes y/o comisionados de Edgar Aschieri, Héctor Lauri, Jubel Carlos Botana, Guillermo Espinosa Viale, Andrés Bruzzone, Santiago Andrés Bassani, Horacio Urbañski, Jorge Matkovic, Alfredo Fariña, Ricardo Cersósimo, Roberto Arún, Carlos Alberto Nazar, Juan Enrique Nadeff y Eugenio Juzwa. Fue con este último intendente, cuando supo que su edad había llegado a buen puerto: debía jubilarse. Su hija, Marisa y su esposo, propiciaban un justo descanso a su bregar sin pausas en la administración pública de su pueblo amado.

De allí en más, asumió, como quiso ella, tan solo como una buena vecina de una cuadra de gente trabajadora, la que la amparó con la amistad de quien comprende la magnífica proximidad de un ser sin igual, austera hasta en su dar de mano y su lenguaje condescendiente, ecuánime, tal vez con un retazo de alma desprendido de ella para con su interlocutor o quizá, como pareciendo siempre disculparse por cualquier ofensa que jamás pudo o supo generar. Ahora, solo es memoria grata para quienes la tratamos y supimos de su generosa franqueza y serena paciencia.

Indudablemente, hay personas que gozan la excelsa virtud de la humildad. La señora de Mañé como la conocíamos o simplemente Pitty, para sus más cercanos, poseía ese talento, que todavía hoy seguimos percibiendo de su recuerdo. De su pasar por el anonimato que rescatamos de este universo actual de tanta discordancia social…


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