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De costa a costa

9:27hs
domingo 13 de enero, 2019

Juan Cruz Burgos, integrante del CIAA (Centro Integral de Actividades Acuáticas), se le animó al Río de la Plata y unió a nado Colonia del Sacramento y Punta Lara.

El nadador de 23 años Juan Cruz Burgos, miembro del Centro Integral de Actividades Acuáticas (CIAA), cumplió esta semana con el cruce a nado del Río de la Plata, uniendo la costa de la ciudad uruguaya de Colonia con la de la localidad ensenadense de Punta Lara.

Fue un extenuante recorrido de 42 kilómetros que demandó bracear a lo largo de 10 horas y 34 minutos. Si bien no alcanzó para batir el récord que sigue detentando Daniel Blaum, el joven deportista ensenadense ya se trazó el objetivo de repetir la experiencia en busca de bajar su marca.

Burgos comenzó a nadar en el Hogar Social y actualmente representa en competencias al CIAA, otra institución berissense que utiliza el natatorio de Montevideo y 3.

La preparación para efectuar el cruce comenzó hace alrededor de un año bajo las órdenes del berissense Ariel Iotov Betoff, a la vez responsable del CIAA.

“Es un especialista en pileta. Desde hace trece años que entrena conmigo, pero siempre se dedicó a natación de velocidad. Fue nadador federado y participó en torneos nacionales y sudamericanos. Fue récord nacional e integrante de la selección argentina”, mencionó el técnico antes de observar que al surgir la idea de realizar esta experiencia, fue necesario cambiar totalmente el esquema de entrenamiento. “Tuvo incluso que dejar de competir en su especialidad porque el trabajo es totalmente diferente y no se puede entrenar para las dos cosas”, argumentó.

Cuenta saldada

La travesía comenzó a las cinco de la mañana del martes en Colonia y culminó pasadas las tres de la tarde de la misma jornada en la zona del mirador Néstor Kirchner de Punta Lara. El estímulo para realizar el esfuerzo, expresó Burgos luego de ser recibido con emoción por amigos y familiares en la playa, era poderoso. Es que su abuelo, fallecido hace dos años, siempre lo había estimulado a cumplir con el cruce, una cuenta ahora saldada.

Las condiciones meteorológicas no fueron exactamente las pronosticadas, por lo que nadador y entrenador debieron replantear la estrategia para superar la prueba, que requirió de un esfuerzo inicial extra.

Durante todo el trayecto, Burgos contó con el acompañamiento de un gomón y un velero en el que se desplazaban su padre Martín, un nutricionista, médicos y el responsable de fiscalizar la prueba. Es que una exigencia para dar por válido este tipo de prueba es que el nadador no toque ninguna embarcación.

De este lado del río, lo esperaban su mamá Soledad, amigos, personas vinculadas al mundo de la Natación y vecinos curiosos que no dudaron en acercarse a la costa al enterarse de la proeza. Y la recepción fue a toda pompa, bengalas y pirotecnia incluidas.


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