CULTURA

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10:30hs
viernes 12 de julio, 2019

Días después de presentar su primer libro, “Berisso, Almacén de Ramos Generales”, Justo Álvarez reflexiona sobre su nueva faceta de autor.

Recientemente, el acto de presentación de “Berisso, Almacén de Ramos Generales”, su primer libro, reunió en Casa de Cultura un importante número de asistentes. Gente dispar en ocupaciones, ideologías y procedencias, lo que para Justo Álvarez -‘de Orlowski’ en señal de gratitud y entrega a Lucy, su esposa- representó una gran satisfacción.

“Vino gente de este barrio (la zona de 11 y 150), del barrio en el que crecí (a algunas cuadras de Plaza Almafuerte); de Los Talas; montaraces; autoridades; gente de la cultura; jóvenes y mayores. Me sentí muy cobijado”, asegura.

La alusión a la heterogeneidad de dicho universo no es casual. La escritura, confirmó empíricamente, acerca a las personas. ‘Te conozco con el libro’, le confió una de sus hermanas, un poco en broma y mucho en serio.

“Si algo puedo recomendarle a la gente es que escriba. Que escriba intimidades o proyectos sociales utópicos. Que todo quede escrito. Al escribir esas cosas uno se desahoga y a la vez se da a conocer. Los otros pueden comprender mejor quién es uno y por qué uno piensa como piensa”, expone.

“Se trata de intentar estar más cerca de los que están al lado, más allá de que piensen de otra manera en términos políticos, religiosos o en aspectos que hacen a temáticas sexuales. Comprender al otro: creo que eso nos hace mucha falta. Pareciera que la tendencia apunta a que nos tenemos que dividir, pero leyéndonos, en la intimidad, nos conoceríamos y nos respetaríamos más”, completa.

Tras 76 vueltas al sol, haber presentado este primer trabajo representa también un signo de resiliencia. “Nunca es tarde para empezar, para reinventarse. ¿Cómo me iba a imaginar escribiendo un libro? Y ahora ya van cuatro”, revela, aludiendo a otros títulos cuyos borradores están prácticamente listos para ingresar a imprenta. Pero habla, ante todo, del factor que lo empujó a sentarse frente a su computadora para hilar frases y volcar a palabras vivencias e ideas.

“Esta actividad surge en buena medida a raíz de mi discapacidad motriz. En 2016 enfrenté un problema cardíaco grave, lo que junto a otras circunstancias me llevan a tener que permanecer mucho tiempo sentado”, observa en el rincón de su casa en el que con entusiasmo proyecta libros, alternando la labor con la de ‘hacer barro’ para dar forma a piezas de cerámica, otra gran ‘distracción’.

En los últimos años, fue de a poco alejándose de la esfera pública. Ya casi no participa de reuniones políticas y no sólo por mandato de sus afecciones, sino también por el placer que representa el camino de la introspección, al que se entregó en este último año y medio.

“Se me agilizó la mente. Recuerdo más cosas. Es como si el cerebro fuese realmente un músculo entrenado. Vamos, uno lo dice, pero no lo creía. Cuando uno llega a grande puede tener esta actitud de reciclarse, ejercitar ‘el músculo’, pero no en tarea rutinaria, sino creativa”, confiesa.

Y tras insistir en que todo relato ‘revela la vida íntima’, aún si de ficción se tratara, pone de relieve que a veces lo escrito ‘no es tan sólo una decisión del escritor’.

“Uno dice cosas que ni pensaba decir. La misma escritura es la que va decidiendo”, arriesga, para dar a entender que ese ‘editor invisible’ es quien en cierto modo dio el corte final a su ‘Almacén de Ramos Generales’.

La vital botica

El libro recrea numerosos episodios biográficos, sin un orden manifiesto. Hay textos escritos hace veinte o treinta años, desempolvados y adaptados.

En un estante del ‘Almacén’ no falta algún relato sobre Álvarez padre, gallego generoso que peleaba con un inquilino que, contra lo acordado, quería darle una suma superior en concepto de mensualidad.

“Don Gregorio insistía, mi padre no quería saber nada. Pero terminaron muy amigos. Sin dudas me impactaron las charlas que mi padre mantenía con otras personas, las que pude presenciar siendo muy chico”, cuenta el autor evocando a aquel inmigrante que en Argentina militó junto a socialistas y anarquistas y se jubiló como obrero de YPF.

Entre tanto ramo general aparecen también indicios de su formación en la academia militar, el respeto y reconocimiento por sus maestros y compañeros, su decepción por los que descubriría luego verdugos. Sensaciones encontradas en los perturbados ’70.

“Fueron épocas de una dura disyuntiva. Era blanco o negro. Yo no quería eso; igual que ahora. Fui amenazado de muerte por los dos bandos. Nunca abandoné mi casa: no tenía por qué, pero el monte me dio paz. No me redituó mucho, pero me cobijó, como su gente”, evoca.

Historias de montes y montaraces, misioneros, rioplatenses, animan otros tramos del libro. Allí, por ejemplo, la figura de ‘Don Juan’, quien tras trabajar por años en Segba y ya mal de las piernas recaló en el monte, en donde le legó un precepto, indeleble a la luz de los hechos

“Hablábamos de ciruelas y uvas, de nuestra relación comercial ligada al monte, hasta que llegamos a un acuerdo. ‘Escribilo’, me dijo. Pensé que no me tenía confianza, pero lo escribí y se lo llevé. ‘Está perfecto, es lo que hablamos’. Le pregunté si lo firmábamos. ‘No hace falta; te tengo confianza. Quiero que esté escrito nomás, porque soy viejo y por ahí me olvido de las cosas’, fue lo que me dijo entonces”, asiente ante la evidencia.

Polaco el General

El libro que Álvarez tiene ahora en ‘prueba de galera’ es “Berisso, el peronismo y yo”. Tratándose de una obra de explícito contenido político, su presentación seguramente esperará el paso de estos meses de alboroto.

“Como no entiendo nada de lo que pasa, me abstraigo. Después voy a hablar de lo que es doctrinariamente el peronismo, que no es algún muchacho que quiere un cargo diciendo ‘Viva Perón’”, plantea.

Como el ‘Don Juan’ del monte, este otro Juan le dejó otra enseñanza profunda: no se puede hacer política si las ideas y los proyectos no están escritos. “Si alguien dice que tiene tal o cual proyecto, pero uno no puede verlo plasmado en papel, surge la duda. Ahí están por ejemplo los planes quinquenales de Perón; tantos años después y uno puede leerlos”, señala.

Admirador del ‘genio estratégico’ de Perón, Álvarez fue también testigo reciente de su universalidad. Visitaba Varsovia cuando se encontró frente a una manifestación que portaba un estandarte con el mensaje “trzecia droga”. “No hablaban de drogas, decían con eso que no eran comunistas ni capitalistas, que eran partidarios de una ‘tercera vía’ o algo así. Como humorada les preguntamos si habían oído hablar de Perón y para nuestra sorpresa no solo lo conocían, sino que aseguraban que era su ideólogo”, relata.

La charla continuó y derivó en las posiciones contradictorias que con el paso de los años en ocasiones exhibió el Peronismo. “Alguien me dijo entonces, un poco como consuelo, ‘pero a Perón ustedes lo tuvieron’. Y es así. Por eso en épocas en las que las finanzas ahogan y la economía sigue concentrándose, en Argentina el mundo tendrá un ejemplo de resistencia grande. Nosotros tuvimos a Perón”, concluye.

La presentación

El acto de presentación de “Berisso, Almacén de Ramos Generales” se desarrolló en auditorio “Raúl Iriarte” de Casa de Cultura y contó con las presencias del intendente, Jorge Nedela, y la directora de Cultura, Nadia Jerbes, entre otros funcionarios.

Junto a concejales, escritores, representantes de la cultura y de instituciones, vecinos y familiares, dejaron referencia sobre el trabajo literario la escritora Beatriz Nuccetelli, la narradora Norma Taborda y Marta Goñi, responsable de la edición y corrección del libro.

Datos biográficos

Justo Álvarez nació en Berisso el 8 de junio de 1943. Egresó como Bachiller en el Colegio Nacional de La Plata y fue cadete de la Escuela Naval “Río Santiago”. Formó familia con Lucy, su ‘vecina de enfrente’, con quien tiene 3 hijos. Fue primer delegado gremial de la Escuela Superior de Odontología, así como secretario de ATULP y FATUN. Además, cumplió funciones en la Secretaría municipal de Gobierno, fue concejal y presidió el PJ de Berisso.


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