COLUMNISTAS

Crónicas de Viaje - Jerónimo Corregido

La travesía de la contemplación

15:40hs
lunes 9 de marzo, 2020
Jerónimo Corregido
Foto por Ivan Zemko

Ya se ha dicho que las travesías no están estrictamente relacionadas con el desplazamiento espacial. Se trata, la mayoría de las veces, de desautomatizar las maneras de percibir la realidad.

El lago Wakatipu, por ejemplo. Hay más de una manera de mirarlo, y esto no es ninguna metáfora, sino que se desprende de su condición material, de su más literal manera de presentarse; no se trata de imaginarse cosas que no están, sino, por el contrario, de ver lo que se manifiesta en toda su efectiva evidencia. Hay, entonces, al menos dos maneras de mirar el lago a las 18:37: horizontal o verticalmente.

La primera opción nos ofrece una dimensionalidad estructurada de izquierda a derecha, y las olas parecen moverse en ambas direcciones; de repente todo cambia y el vaivén del agua se encauza directamente hacia la izquierda, o será, quizás, que hacia ese lado se orienta la luz del atardecer y su efecto confunde la percepción. Hacia el este, hacia el este, como pequeños haces de ámbar, como dragoncitos cristalinos, como fantasmas de tiempo, las ondas del lago fluyen incesantes hacia la izquierda. Y esto no es ninguna metáfora. Verticalmente, el lago ondula en rayos de sol. Las franjas inquietas mueven la superficie como si el lago estuviera atravesado por ondinas, y la espacialidad se sumerge en una vorágine que va desde la orilla hasta el abismal punto de fuga: el mundo es una cosa líquida que viene, viene, viene a espumarse en la rompiente.

Entonces, en medio de esta pluralidad de impresiones, llega la voz del Careca, desde Brasil, desde otros viajes, desde años pasados: «Hay que mirar el mar antes de meterse». Yo, ansioso por entrar en el agua, le preguntaba por qué. «Hay que mirarlo», respondía con simpleza el Careca encogiéndose de hombros.

Esto no es el mar sino el lago Wakatipu, pero las palabras del Careca cobran su natural relevancia: hay que contemplar las cosas antes de actuar sobre ellas, hay que pasar tiempo junto a su ineludible materialidad antes de intervenirlas: de eso se trata el ejercicio descriptivo, de descansar de la narratividad fraudulenta que nos impone el mundo moderno de los celulares y los aparatos iridiscentes. Hay que pasar un rato con el lago también, para luego meterse en sus aguas con la percepción limpia, para chapotear entre sus patos escandalizados y resbalar en sus algas.

Como dice el filósofo esloveno Slavoj Žižek, pareciera que ya nos hemos ocupado demasiado de cambiar el mundo, de actuar sobre las cosas para amoldarlas a nuestros deseos; quizás sea el tiempo de descansar de tanta acción y volver al pensamiento, al puro y simple ejercicio contemplativo. No es ninguna metáfora: de eso se tratan las travesías.


Más columnas de Jerónimo Corregido

SEMANARIO EL MUNDO DE BERISSO © 2020 - Edición Dígital. Todos los derechos reservados.

Inhouse - Soluciones web